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Overlap Showcase

OVERLAP
SHOWCASE

2026

Ecosistema expandido de pensamiento,
creación y experiencia en tiempo real

Artwork by
Space Circles

OVERLAP es un entorno multidisciplinar dedicado a la creatividad contemporánea. Nace para ofrecer a Valencia una infraestructura híbrida de creación, experimentación, ocio cultural y comunidad digital comprometida con la música. Su centro no es la exhibición de resultados concluidos, sino la activación de procesos, la producción y el despliegue de formas que sólo suceden en la intersección entre artes mediales, música, tecnología y pensamiento contemporáneo.


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OVERLAP

Community for Innovation Synapses & Mediation in Arts

Calle de la Trinidad, 10
46010
Valencia

Fecha

2026


Next Showcase

NEXT
SHOWCASE

19.01.26

Ecosistema expandido de pensamiento,
creación y experiencia en tiempo real

NEXT es un entorno multidisciplinar dedicado a la creatividad contemporánea. Un lugar donde arte, diseño, música, literatura, cine, tecnología y videojuegos conviven de forma natural. NEXT nace para ofrecer a Valencia una infraestructura real de creación, experimentación, ocio cultural y comunidad digital.

 

NEXT no es un festival, ni una serie de eventos aislados, es una constelación de plataformas, espacios y prácticas que convergen en una lógica híbrida de creación, investigación, comunidad y aprendizaje. Su centro no es la exhibición de resultados concluidos, sino la activación de procesos, la producción y el despliegue de formas que sólo suceden en la intersección entre arte, tecnología y pensamiento contemporáneo.

 


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NEXT

Community for Innovation Synapses & Mediation in Arts

Calle de la Trinidad, 10
46010
Valencia

Fecha

19 Enero


DIGITAL GRAFFITI

El graffiti nació en la calle como un acto de expresión libre, un gesto de identidad y de apropiación del espacio público. Hoy, esa energía se proyecta hacia un nuevo territorio: el graffiti digital.

Se trata de un entorno creativo en el que las paredes se sustituyen por superficies interactivas, pantallas, muros digitales o proyecciones y las herramientas tradicionales se transforman en dispositivos electrónicos: aerosoles digitales, tablets con stylus o sensores de movimiento. Con ellos, artistas y aprendices pueden pintar, trazar y experimentar sin límites de espacio ni de materiales, explorando un terreno donde el gesto del graffiti se encuentra con la tecnología.

EL POTENCIAL DEL GRAFFITI DIGITAL ES MÚLTIPLE:
Educativo: permite introducir el arte urbano en las aulas de forma accesible, segura y ecológica, vinculando historia, creatividad y nuevas tecnologías.
Artístico: abre un campo expandido para grafiteros y creadores visuales, que pueden integrar animación, realidad aumentada o proyecciones en vivo en su práctica.
Comunitario: genera espacios de encuentro entre artistas locales, jóvenes en formación y figuras consagradas, fomentando la transmisión de saberes y el diálogo intergeneracional.
Ecológico: sustituye los aerosoles tóxicos por entornos digitales, sensibilizando sobre el impacto ambiental y proponiendo alternativas sostenibles.
Cultural: convierte cada obra en archivo, mural compartido o performance colectiva, capaz de viajar y multiplicarse en entornos físicos y virtuales.

El graffiti digital no busca reemplazar el muralismo urbano, sino abrir una nueva dimensión de experimentación artística y pedagógica. Es un puente entre la calle y la pantalla, entre la memoria de los muros pintados y las posibilidades infinitas de la luz y el píxel.
¿QUÉ ES UN ENTORNO PARA GRAFFITI DIGITAL?
Un espacio físico-digital donde se sustituye la pared tradicional por superficies interactivas (pantallas, muros digitales o proyectores) que permiten pintar con aerosoles electrónicos, tablets o dispositivos de tracking.
La idea es abrir un laboratorio pedagógico y creativo en el que:

Se experimente con herramientas digitales (sin riesgo de toxicidad, gasto de sprays o daño en espacios públicos).
Se exploren nuevos lenguajes visuales (animación, capas de luz, realidad aumentada, VR).
Se fomente el diálogo entre generaciones: alumnado, artistas emergentes y grafiteros consagrados.
MATERIALES NECESARIOS
Hardware:
Proyector de gran formato o pantalla táctil de gran tamaño.
Tablets con stylus o «sprays digitales» (existen dispositivos que emulan un aerosol para pintar en VR/AR).
Ordenadores potentes con GPU para rendering fluido.
Sensores de movimiento (tipo Kinect, Leap Motion) para explorar graffiti con gestos.
Software:
Aplicaciones específicas para graffiti digital (Tagtool, VR Graffiti, Gravity Sketch, Tilt Brush).
Plataformas abiertas para livecoding visual (TouchDesigner, Hydra, p5.js) que permitan talleres experimentales.
Extras:
Impresora para llevar las creaciones a formato físico (carteles, vinilos).
Servidor o web propia donde se archive cada pieza y se exponga como galería digital.
CURSOS PARA COLEGIOS
Talleres introductorios: aprender historia del graffiti + práctica en mural digital.
Dinámica pedagógica: cada alumno diseña un tag o personaje, luego se proyecta en un mural colectivo.
Puentes interdisciplinarios: conectar con música (DJ, rap), tecnología (programación básica de colores/efectos), historia del arte urbano.
Énfasis ecológico: comparar el impacto ambiental del spray físico frente al digital.
INVITACIÓN A GRAFITEROS
Locales: que los alumnos vean cómo se crea un estilo desde lo cercano, lo que da pertenencia.
Consagrados: encuentros especiales donde compartan su proceso y hagan demostraciones digitales (muchos ya están experimentando con NFT o muralismo expandido).
Formato jam: un “battle” digital proyectado en gran escala, con música en vivo.
POSIBLES EXTENSIONES
Exhibiciones híbridas: graffiti digital + mapping en fachadas.
Documentación online: cada obra queda registrada como archivo visual que puede compartirse o imprimirse.
Residencias artísticas: que los grafiteros invitados creen piezas site-specific en tu entorno.

1. ENTORNO FIJO (LABORATORIO ESTABLE)
Un espacio “madre” donde se concentra la infraestructura más potente.

Ubicación: centro cultural, museo o espacio independiente.
Función:
Servir como laboratorio creativo para residencias de grafiteros.
Centro de formación continua (cursos, talleres de largo recorrido).
Lugar de exhibiciones y jams con público.
Equipo técnico: pantallas grandes, proyectores de alta resolución, VR, impresoras 3D/plotters, grabación audiovisual.
Esto da solidez al proyecto y lo convierte en referente regional de graffiti digital.

2. ENTORNO ITINERANTE (KIT PORTÁTIL PARA COLEGIOS)
Un sistema ligero y transportable para llegar a aulas y centros educativos.

Kit básico:
Proyector portátil o pantalla enrollable.
Tablets con stylus y software preinstalado.
Ordenador portátil con software de graffiti digital.
Mini servidor (Raspberry Pi, por ejemplo) para guardar y exponer los trabajos.
Logística:
Talleres de 2–3 horas donde cada grupo trabaja y al final proyecta un mural colectivo.
Los resultados se pueden archivar en la web del laboratorio.
Enfoque pedagógico: historia del graffiti, ética del arte urbano, práctica digital, conciencia ambiental.
Esto da flexibilidad y amplia el alcance: no solo se visita el laboratorio, el laboratorio visita a la gente.

3. ARTISTAS INVITADOS
Locales: en los itinerantes, para conectar con las escuelas y el barrio.
Consagrados: en el entorno fijo, con charlas, masterclasses y exhibiciones.
Fusión: un grafitero invitado podría acompañar parte de la gira, generando un “viaje” artístico compartido.
4. MODELO SOSTENIBLE
Colegios: financian talleres mediante un “pack educativo” (precio cerrado por visita).
Instituciones: apoyan el entorno fijo con subvenciones de arte y tecnología.
Empresas: posibles patrocinios (marcas de tablets, software, incluso de sprays tradicionales que quieran hibridar su imagen).
Público general: entradas a jams y exhibiciones.
5. IDENTIDAD
Podría presentarse como un “laboratorio de graffiti expandido”, con dos brazos:

Digital graffiti is the act of creating graffiti art using a computer vision system. Various groups and companies have pioneered digital graffiti since technology advances made it possible. Most notably is the Graffiti Research Lab based in the US with their L.A.S.E.R. Tag system.Laser Graffiti in Vienna, August 31, 2007

Inspired by the New York laser graffiti movement, in 2008 the first commercially available digital graffiti wall was produced by Luma, named the YrWall. A specially adapted spray can emits IR light instead of paint, which is then tracked by a computer vision system to recreate the «sprayed» image onto the wall using a projector.

Any system that allows art to be created on a large scale in a similar manner to more traditional graffiti falls under the heading digital graffiti.

Cisco Systems has released a mobile application called [Digital Graffiti] patented by Cisco Systems, Inc. to allow people to place messages of varying size, color, length of time visible, and viewing distance (say visible from 20 feet away) on a physical location, say a building, an office, a cubicle, or a specific location using their augmented reality mobile application. This message alerts other visitors approaching the message coordinates by playing the Cisco chime and the mobile user’s country origin filter when the app was installed. It is like a virtual yellow stickie note, that can be delivered to an individual when they arrive at a message location. Digital Graffiti leverages the Cisco MSE location server (which tracks users mobile devices and provides x, y coordinates of the mobile devices over WiFi).


La precariedad de la promesa

www.cisma.art / stack

LA PRECARIEDAD
DE LA
PROMESA

26.09.2025

Toni Calderón

Artículo

La precariedad no es una etapa,
es un dispositivo estructural.

No cabe señalar a quienes crean desde la fragilidad, ni poner en duda la necesidad de seguir creando, pensando, construyendo lo que aún no tiene forma. Muy al contrario, este texto parte de una profunda empatía hacia quienes, desde los márgenes, insisten en el gesto. La crítica aquí no apunta al cuerpo que produce, sino al relato que se ha fabricado en torno a él. Un relato estético y político que, lejos de acompañar la complejidad del presente, ha construido una figura artificial, el artista como categoría, como marca reciclable, como símbolo decorativo de una cultura en decadencia.

Las instituciones públicas y privadas, las universidades, los comisarios, los medios de comunicación o los mercados han consolidado un corpus retórico que se reproduce sin interrupción. Un aparato de legitimación que se autocelebra y se autoprotege, incluso mientras las prácticas artísticas reales desbordan sus marcos. Bajo el barniz de la contemporaneidad, este sistema sigue funcionando con lógicas obsoletas. Es un teatro simbólico que simula apertura mientras opera con viejos modelos. En ese teatro, el artista, o más bien, la figura del artista, ha quedado fosilizada.

Se repite una y otra vez, los jóvenes son el futuro del arte y, al mismo tiempo, se les trata como si fueran una reserva de energía explotable y prescindible. En Valencia (España), por ejemplo, no hay estructura cultural, ni pública ni privada, que no proclame su apuesta por los jóvenes creadores, pero pocas que les ofrezcan condiciones reales de existencia. Se les invita a participar, a exponer, a formarse una y otra vez, pero casi nunca a decidir y menos aún, a vivir de su trabajo.

La precariedad no es una etapa, es un dispositivo estructural. El sistema cultural ha normalizado una lógica extractiva que se alimenta del entusiasmo, del voluntarismo y de la sobreexposición de las nuevas generaciones. Se espera de ellos que sean originales y obedientes, visibles y productivos, dúctiles y mediáticos. La visibilidad se ofrece como premio, pero no hay garantía de sueldo, ni de estabilidad, ni de cuidado. Las residencias, los premios, los festivales, las convocatorias y el resto de mecanismos institucionales están pensados para alimentar un simulacro de oportunidad. Lo urgente es mostrar y aparentar movimiento. Lo emergente se convierte en un estado crónico, un presente sin futuro, una promesa que nunca se cumple. Tras cada oportunidad mal pagada, lo que hay es una vida real que no alcanza a nada.

Mientras tanto, el arte institucionalizado sigue funcionando con las lógicas del siglo pasado, donde el valor se mide en acumulación de obras, de exposiciones y de contactos. Pero los jóvenes artistas ya no trabajan desde este lugar. No pueden. Han crecido en medio del colapso ecológico, el endeudamiento generalizado, el algoritmo y la intermitencia. Su lenguaje es otro y su experiencia también. Mientras tanto, el sistema no sabe cómo escucharles.

Lo más lúcido y radical de la nueva creación no se encuentra en las ferias ni en las colecciones, sino en espacios autogestionados, en colaboraciones inestables, en prácticas que mezclan arte, activismo, código, tecnología, cuerpo y silencio. Pero estas prácticas son sistemáticamente ninguneadas o bien absorbidas para simular renovación. Lo que no se puede monetizar, no existe. Lo que no se puede encajar en los protocolos de la representación se descarta.

Mientras tanto, se ha producido una transformación sutil pero determinante; tener algo ya no significa tener visión o intuición, sino saber posicionarse, saber decir lo correcto en el momento adecuado, tener capital simbólico suficiente para entrar en el circuito. El arte ha pasado de ser búsqueda a ser relato, de ser forma a ser justificación, de ser materialidad a ser discurso. El gesto artístico se ha vuelto secundario frente al marco conceptual que lo envuelve. Lo importante ya no es la obra, sino su aparato retórico.

El arte ha pasado de ser búsqueda a ser relato.

Ser artista hoy es habitar una figura funcional: gestor, comunicador, productor cultural, activista performativo o técnico de sí mismo. Una figura que sobrevive en condiciones de autoexplotación permanente. Se producen sin descanso miles de imágenes, textos, vínculos, afectos, posicionamientos. El artista se convierte en sujeto de rendimiento, atrapado en una maquinaria que exige visibilidad constante, producción infinita, y narrativa continua. Byung-Chul Han ha descrito este estado con precisión; el sujeto ya no resiste, simplemente se rinde al mandato de rendir. Bifo Berardi va más allá, ya no hay creación, hay exceso de signos y saturación simbólica y redundancia semiótica. Isabelle Stengers lo completa diciendo: no necesitamos más producción, sino formas de desprogramación, pero el artista actual, educado por instituciones que repiten lo que dicen cuestionar, está atrapado en una disyuntiva compleja. Aprende a parecer artista, aprende a funcionar como artista, aprende a actuar como artista ante comisarios, jurados, audiencias y algoritmos.

En este paisaje, la figura del pintor sobrevive como último tótem. Una reliquia romántica en medio de la automatización. El trazo manual, el gesto, la materia, todo se convierte en fetiche. En un mundo gobernado por prompts, interfaces y visualidades generativas, el pintor representa la autenticidad perdida. Pintar no es ya una elección formal, sino un gesto simbólico, pintar para seguir existiendo, pintar para seguir siendo llamado artista. Como advirtió Boris Groys, el aura ya no se encuentra, se escenifica. Pintar se convierte en espectáculo nostálgico de resistencia, pero a menudo es solo residuo.

La sociedad, por su parte, sigue atrapada en un imaginario esquizofrénico: el artista como genio iluminado, pero también como vago institucional. Un ser que no produce “valor real”, pero que se presume esencial para la cultura. Alguien que debe ser admirado y desactivado al mismo tiempo.

Visible, pero no incómodo, celebrado, pero no remunerado, decorativo, pero no decisivo. Esta contradicción mantiene al artista como figura inofensiva, neutralizada, espectacular y simbólica. Un personaje cultural al que se le concede espacio, pero no poder.

Las ciudades tampoco ayudan. Valencia es un caso visible y preocupante; los estudios desaparecen, los espacios independientes cierran, lo que era comunidad se convierte en decorado. La gentrificación ha desbordado la estructura simbólica y física de la ciudad, erosionando su alma con la llegada masiva de turistas y transeúntes temporales que consumen sus calles sin arraigo. Las franquicias colonizan el espacio público, desplazando comercios locales y expulsando a vecindades históricas.

Mientras tanto, el turismo se expande como una mancha que todo lo encarece, que todo lo banaliza, que todo lo vuelve selfie. Valencia, una ciudad para ser habitada, se ha convertido en un parque temático para influencers de tres días. Una ciudad que acoge bien al visitante y expulsa a quien la habitaba. Persistir en el arte hoy, en esta ciudad, es un acto de resistencia. Pero no deberíamos exigir resistencia como única forma de existencia. Los jóvenes artistas no necesitan resiliencia infinita, sino políticas que los reconozcan, los sostengan y los escuchen. No más concursos sin retorno, no más visibilidad vacía, no más aplausos, sino tiempo, sueldos y una vida digna.

Los jóvenes artistas no necesitan resiliencia infinita, sino políticas que los reconozcan.

Todo esto nos lleva a un punto límite: el arte ha cambiado profundamente. Se ha vuelto proceso, algoritmo, flujo, afecto, red. Pero la figura del artista no ha evolucionado, sigue siendo firma, biografía, currículum, perfil institucional. Se ha estetizado, pero no ha mutado, ha sido absorbida por un sistema que necesita sujetarla, fijarla y, en determinados medios, visibilizarla.

No se trata de su abolición, sino de su colapso voluntario. Quizás deje de ser necesario llamarse artista para poder crear. Que la creación no necesite autor, que la práctica no sea identidad, que el arte ocurra, sin deberle nada a su figura y entonces, quizás, dejaremos de preguntar quién es artista.

Autor

Toni Calderón

Toni Calderón, historiador y crítico de arte, ha estado siempre ligado al mundo cultural desde diferentes perspectivas. Fue miembro de AICA y presidió la Asociación Valenciana de Críticos de Arte (AVCA). Ha dirigido y fundado proyectos como lasalanaranja, un espacio de arte contemporáneo en Valencia, y Forjaarte, además de codirigir Gabinetedehygiene. Coordinó el festival Observatori, colaboró como redactor en la revista Gestión y Cultura (G+C) y ha dado clases en diversas universidades. Cursó doctorado en Estética y Teoría del Arte, campos sobre los que suele publicar. Su trabajo como informático le ha permitido explorar la relación entre arte y tecnología. Además, su pasión por el cine, y especialmente por la crítica cinematográfica, complementa su enfoque artístico. Se ha dedicado también a la creación de comunidades artísticas y actualmente está volcado en www.cisma.art , un proyecto interdisciplinar que recoge todas estas inquietudes.

Info
Artículo publicado
en la Revista Digital ElHype.com
el 24 de junio de 2025



¿Arte político? La rebeldía cabe en una sala blanca

www.cisma.art / stack

¿ARTE POLÍTICO?
LA REBELDÍA CABE
EN UNA SALA BLANCA

24.06.2025

Toni Calderón

Artículo

“La totalidad del sistema de la cultura moderna se ha convertido en una máquina de integración. El arte, incluso el más radical, no puede escapar a su absorción”.
Theodor W. Adorno y Max Horkheimer. Dialéctica de la Ilustración.

Arte político es toda práctica artística que incorpora, de manera consciente, una intención de intervenir, cuestionar o visibilizar estructuras de poder, conflictos sociales, injusticias o tensiones ideológicas. No se limita a representar la política, sino que busca producir una relación crítica entre la obra, el espectador y su contexto histórico, social, económico y lógicamente político. Su forma no está determinada por un estilo específico, puede adoptar múltiples lenguajes, disciplinas y soportes: pintura, instalación, performance, fotografía, arte digital, escritura, cine, música, arte público o activismo visual entre otros. Lo que lo define no es el medio, sino su posicionamiento ético y estético.

A lo largo del siglo XX, el arte político tuvo momentos clave, desde el arte de las vanguardias históricas como el constructivismo ruso o el dadaísmo, hasta las prácticas antifascistas, el arte feminista, el arte conceptual de denuncia en América Latina, el arte protesta durante el mayo del 68, el arte queer, el anticolonial, el activismo contra el racismo o el arte de resistencia en zonas de guerra. En todos esos casos, el arte no se entendía solo como forma de expresión, sino como herramienta de lucha, memoria, organización o desobediencia. Sin embargo, no todo arte con contenido social es arte político. El arte político implica un conflicto con el contexto institucional y simbólico que lo rodea. No se trata de ilustrar consignas o denunciar superficialmente un problema. Se trata de intervenir en el imaginario colectivo, de alterar los códigos dominantes de lo visible. Como señaló Jacques Rancière, lo político en el arte no reside tanto en el mensaje, sino en la «redistribución de lo sensible», es decir, en alterar el reparto de lo que puede ser visto y oído en una sociedad.

El arte político es, o debería ser, siempre incómodo, debería generar fricción. No busca necesariamente soluciones, pero sí producir preguntas que desestabilicen lo normalizado. En el mejor de los casos, obliga a mirar lo que no se quiere ver o a escuchar lo que ha sido silenciado. No obstante, el arte político, a día de hoy, apenas tiene relevancia. No porque hayan desaparecido las razones, sino porque ha sido absorbido por los mismos sistemas que debe combatir. Lo que hoy se presenta como crítica es apenas un eco domesticado, un murmullo decorativo dentro del gran teatro de la corrección cultural. Las propuestas que se autodenominan comprometidas rozan, en muchos casos, la ingenuidad. Se asemejan a ejercicios de diseño emocional para almas que desean sentirse buenas sin poner nada en juego. Un entretenimiento con pretensión de ética.

Las obras que se anuncian como comprometidas apenas rozan la superficie de lo que denuncian. En lugar de conmocionar ilustran, en vez de incomodar decoran. No hay lenguaje a día de hoy con capacidad de cuestionar, pues utilizan el tono correcto, la estética calibrada, el formato listo para circular por redes, para ser compartido y, si hay suerte, aparecer en medios como gesto ingenioso. El arte político se ha vuelto anecdótico. Un contenido más entre miles, una forma de producción estética que no desafía, sino que acompaña. Lo que debería ser desgarro se ha convertido en normalidad, lo que fue ruptura ahora es tendencia. Las imágenes del dolor ya no interrumpen, solo entretienen. El horror se embellece, se representa, se convierte en experiencia cultural. El campo de refugiados, el exilio, la represión, la miseria, el colapso ambiental, el genocidio, todo puede formar parte de una exposición pues todo se encuadra, se enmarca y se exhibe. La indignación se mide en visualizaciones.

Autor

Toni Calderón

Toni Calderón, historiador y crítico de arte, ha estado siempre ligado al mundo cultural desde diferentes perspectivas. Fue miembro de AICA y presidió la Asociación Valenciana de Críticos de Arte (AVCA). Ha dirigido y fundado proyectos como lasalanaranja, un espacio de arte contemporáneo en Valencia, y Forjaarte, además de codirigir Gabinetedehygiene. Coordinó el festival Observatori, colaboró como redactor en la revista Gestión y Cultura (G+C) y ha dado clases en diversas universidades. Cursó doctorado en Estética y Teoría del Arte, campos sobre los que suele publicar. Su trabajo como informático le ha permitido explorar la relación entre arte y tecnología. Además, su pasión por el cine, y especialmente por la crítica cinematográfica, complementa su enfoque artístico. Se ha dedicado también a la creación de comunidades artísticas y actualmente está volcado en www.cisma.art , un proyecto interdisciplinar que recoge todas estas inquietudes.

Info
Artículo publicado
en la Revista Digital ElHype.com
el 24 de junio de 2025