La música, la luz y la videocreación no funcionan como piezas aisladas, sino como un lenguaje compartido que se activa en relación directa con el espectador.
Con un carácter tecnológico y new age, Antiface bebe del mundo de la noche, de los clubs y de los nuevos sonidos, entendiendo estos espacios como rituales contemporáneos. Lugares donde la identidad se diluye, el cuerpo se mezcla y la experiencia se vuelve común.
El nombre Antiface no habla de esconderse, sino de desindividualizarse. De romper la lógica de la autoría única para dar paso a lo colectivo.
La influencia tecnológica no aparece como herramienta, sino como mediadora: una capa más que transforma la experiencia compartida. La IA, la luz y el sonido funcionan como catalizadores de una creación sin firma, donde cada participación modifica el resultado final.
Antiface propone un espacio donde la cultura no se consume, se activa. Donde no importa quién creó qué, sino lo que sucede cuando sucede juntos.
