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HUGO
MARTÍNEZ-TORMO
31.01 – 06.04.2026 / E_CA Riba-roja
9.4244323_-0.4197375_
29.10.24
Información
39.4244323_-0.4197375_29.10.24 se configura como un espacio de reflexión sobre la vulnerabilidad inherente a las manifestaciones artísticas y su relación con los fenómenos naturales, en particular, las catástrofes climáticas que amenazan la integridad del Ser Humano y de su patrimonio cultural.
El propio título de la exposición hace referencia directa a las coordenadas donde se encontraba el taller del artista y al dia en el que fue arrasado. A través de una doble propuesta visual formada por dos instalaciones, se invita al espectador a confrontar la fragilidad material y simbólica del arte frente a la fuerza incontrolable de la naturaleza.
La primera de las instalaciones, que tiene por título Resonancias de un instante, evoca la idea de la memoria y la huella, los ecos de un momento específico en el tiempo, mediante una serie de doce lienzos de gran formato que presentan los 12 pigmentos más empleados a lo largo de la historia del Arte, intervenidos por los efectos devastadores de la Dana del 29 de octubre de 2024 en Valencia.
La mera presencia de los pigmentos, remite a la tradición pictórica occidental, donde cada color posee su valor específico, tanto simbólico como técnico. Su deterioro simboliza no solo el paso del tiempo, sino también la vulnerabilidad y fragilidad inherente a toda forma cultural.
Esta instalación dialoga con las ideas de Walter Benjamin, ya que subraya la importancia del aura en la obra de arte y cómo ésta se ve amenazada por las alteraciones físicas y temporales. La intervención en los lienzos, marcada por daños visibles, puede interpretarse como una metáfora de la pérdida del aura original ante eventos disruptivos, pero también como un acto de resistencia, una memoria material que desafía el olvido.
Por otro lado, Materia Líquida, una instalación audiovisual compuesta por siete pantallas dispuestas directamente en el suelo, muestra un paisaje digitalizado y animado creado mediante estructuras 3D con el software Unreal Engine. Un manto de arcilla, una superficie de polvo rojizo, donde gotas de agua caen lentamente en un movimiento que puede ser leído tanto como una lluvia constante, o como un llanto continuo. Este simbolismo es fundamental, ya que las gotas representan no solo el proceso natural de erosión sino también el sufrimiento colectivo ante desastres ambientales.
La disposición horizontal de las pantallas refuerza la idea del suelo como lugar de origen y destino final, donde lo material se encuentra con lo simbólico en un espacio liminal, y donde la arcilla, materia prima del arte y símbolo primigenio de creación, se convierte en un espejo del estado precario del mundo contemporáneo.
39.4244323_-0.4197375_29.10.24 articula una reflexión sobre cómo el Arte, como testimonio histórico y vehículo estético, está sometido a las fuerzas externas e internas que amenazan su existencia. La destrucción visible en los lienzos contrasta con la quietud aparentemente infinita del paisaje digital mostrado en las pantallas.
Ambas instalaciones nos confrontan con nuestra propia vulnerabilidad frente a los fenómenos naturales y culturales. Es un llamamiento a reconocer que el patrimonio artístico no es solo objeto de conservación física, sino también un acto ético ligado a nuestra responsabilidad colectiva para preservar su memoria ante las acometidas del tiempo y la naturaleza.
